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The Atlantic Dispatch El gran relato del orden occidental y sus desafíos

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Semana del 18–24 de Abril, 2026 Edición Nº 1 Alianza Angloamericana · Seguridad Global · Europa Fundado en Narón, ES
URGENTE
   MARINA REAL BRITÁNICA intercepta tres submarinos rusos en el Atlántico Norte  ·  CONFERENCIA NPT sobre no proliferación nuclear abre el 27 de abril  ·  SANCIONES UE: cae el embargo de GNL ruso para contratos de corto plazo el 25 de abril  ·  UCRANIA propone congelar conflicto en líneas actuales; Rusia exige más territorio  ·  POLONIA Y FRANCIA planean ejercicios nucleares sobre el Báltico  ·  PRECIO DEL PETRÓLEO cerca de 120 $/barril por guerra en el Golfo  ·  ZELENSKI habla con enviado de Trump sobre garantías de seguridad       MARINA REAL BRITÁNICA intercepta tres submarinos rusos en el Atlántico Norte  ·  CONFERENCIA NPT sobre no proliferación nuclear abre el 27 de abril  ·  SANCIONES UE: cae el embargo de GNL ruso para contratos de corto plazo el 25 de abril  ·  UCRANIA propone congelar conflicto en líneas actuales; Rusia exige más territorio  ·  POLONIA Y FRANCIA planean ejercicios nucleares sobre el Báltico  ·  PRECIO DEL PETRÓLEO cerca de 120 $/barril por guerra en el Golfo  ·  ZELENSKI habla con enviado de Trump sobre garantías de seguridad   
Alerta

La Marina Real expone la red submarina de Putin en el Atlántico Norte

PROFUNDIDAD ESTIMADA: 200m HMS LANCASTER RU OPERACIÓN ATLÁNTICO NORTE · CLASIFICADO → DESCLASIFICADO · ABR 2026

Representación operacional. HMS Mersey rastreando submarino ruso Krasnodar y fragata Admiral Grigorovich. (Marina Real Británica / AFP)

El secretario de Defensa británico, John Healey, reveló el 9 de abril ante el número 10 de Downing Street que la Royal Navy y la Fuerza Aérea Real llevaron a cabo una operación encubierta de más de un mes en las aguas del Atlántico Norte, durante la cual rastrearon y disuadieron a tres submarinos rusos que merodeaban sobre infraestructuras críticas de cables submarinos y gasoductos.

La operación, considerada la más significativa de su tipo en la última década, descubrió que dos de los tres sumergibles —identificados como buques «especialistas en reconocimiento de infraestructuras»— habían invertido tiempo posicionados sobre activos de comunicaciones directamente relevantes para el Reino Unido y sus aliados. El tercero actuaba, según Healey, como señuelo para desviar la atención de las fragatas de vigilancia.

A Putin le digo esto: te vemos. Vemos tu actividad sobre nuestros cables y gasoductos. Y debes saber que cualquier intento de dañarlos no será tolerado y tendrá consecuencias graves.

La revelación llega en un momento en que la actividad naval rusa en aguas próximas al Reino Unido ha aumentado un 30% en los dos últimos años, según datos del Ministerio de Defensa. Noruega, firmante de un acuerdo de compra de cinco fragatas británicas por valor de 10.000 millones de libras, sumó fuerzas en la operación. La flota conjunta resultante —al menos 13 buques de guerra— «cazará submarinos rusos y protegerá infraestructuras críticas en el Atlántico Norte», en palabras del ministro noruego Tore O. Sandvik.

Los 60 cables submarinos que bordean aguas británicas transportan el 99% del tráfico global de internet. La OTAN ha calificado los ataques persistentes a cables de fondo marino como «la amenaza más activa» a las infraestructuras occidentales. Rusia ha negado sistemáticamente cualquier intención hostil.

Bloqueo

Las negociaciones de paz se congelan mientras Moscú exige más tierra y el Golfo distrae a Washington

Las conversaciones de paz entre Ucrania y Rusia, mediadas por el enviado especial de Trump Steve Witkoff, atraviesan su peor momento desde el inicio del proceso. Fuentes del Consejo de Seguridad de la ONU confirman que la guerra de EEUU e Israel contra Irán y el cierre del Estrecho de Ormuz han desviado la atención de Washington de manera decisiva hacia el Golfo Pérsico.

Mientras tanto, Ucrania propone congelar el conflicto a lo largo de las líneas de frente actuales en la región del Donbás. Rusia rechaza esto: Moscú exige no sólo el reconocimiento de los territorios que ocupa, sino la cesión de las partes del Donetsk que todavía controla Kiev. El viceministro de Exteriores ruso, Sergey Ryabkov, ha dicho que las propuestas estadounidenses «no abordan las causas profundas del conflicto».

Un intercambio de 175 prisioneros de guerra por cada bando —mediado por Emiratos Árabes Unidos el 11 de abril— fue la única señal positiva de la semana. En el frente, los ataques rusos a Dnipro del 14 de abril dejaron el mayor número de bajas civiles desde julio de 2025.

La «coalición de los voluntarios»: ¿garantía real o promesa diferida?

El 6 de enero, 35 países se comprometieron en París a desplegar fuerzas en Ucrania si se alcanza un alto el fuego. Francia y el Reino Unido lideran el plan: establecerán «centros militares» en territorio ucraniano y reforzarán sus capacidades de disuasión convencional. EEUU propuso liderar el mecanismo de verificación del cese al fuego, pero sin tropas en el terreno. El gran interrogante sigue siendo quién firmará el «compromiso vinculante».

Muy grave

Francia y Polonia ensayan ataques nucleares sobre el Báltico mientras Moscú amenaza con «respuesta adecuada»

Según el portal polaco Wirtualna Polska, París y Varsovia preparan ejercicios militares conjuntos sobre el Báltico y el norte de Polonia en los que cazas Rafale franceses —capaces de portar ojivas nucleares— practicarán misiones contra «objetivos de importancia en el área de San Petersburgo». Los ejercicios no requieren activar el Artículo 5 de la OTAN: se diseñan en formato bilateral para actuar sin largas consultas.

El Kremlin respondió inmediatamente calificando los planes de «curso hacia la militarización y nuclearización de Europa». El viceministro de Exteriores ruso Alexander Grushko advirtió de que estas maniobras obligan a Moscú a «tomar contramedidas». Finlandia, por su parte, ha iniciado en el Parlamento el proceso para levantar las restricciones legales a la importación y almacenamiento de armas nucleares en su territorio.

Los ejercicios de juegos de guerra de la OTAN celebrados en febrero concluyeron que, ante una amenaza existencial convencional, la probabilidad de que Rusia recurra a una andanada nuclear es de 0,99 según los modelos de los analistas. Una advertencia que pesa sobre cada maniobra.

El petróleo a 120 dólares rescata el presupuesto de guerra de Putin

La guerra entre EEUU, Israel e Irán ha tenido un beneficiario inesperado en el Kremlin. El precio del Brent, que Rusia utilizó para construir su presupuesto federal asumiendo 60 dólares por barril, se ha disparado hacia los 120 dólares por la crisis del Estrecho de Ormuz. Esta bonanza energética ha inyectado al presupuesto militar ruso los fondos necesarios para sostener sus operaciones en Ucrania durante otro año, según analistas de Toda Peace Institute.

China, por su parte, acelera el proyecto de gasoducto «Fuerza de Siberia 2» ante la vulnerabilidad que supone importar energía por rutas marítimas expuestas. Lo que era coordinación cautelosa entre Moscú y Pekín se consolida en una alineación estructural: energía rusa a cambio de capital, tecnología y cobertura diplomática china.

Fuentes de inteligencia occidental afirman además que Rusia ha estado suministrando a Irán imágenes satelitales sobre la posición de buques y aviones estadounidenses en el Golfo. El ministro de Exteriores iraní no lo desmintió, admitiendo que «la cooperación militar con Rusia y China continúa».

Londres pierde terreno en África mientras Moscú y Pekín avanzan

El Comité Conjunto de Seguridad Nacional del Parlamento británico alerta en un reciente informe de que la retirada de ayuda al desarrollo del Reino Unido —y de sus aliados— está «dejando un gran espacio diplomático abierto a Rusia y China» en el continente africano. Rose Goettemoeller, exsubsecretaria de la OTAN, insta a las capitales europeas a «llenar el vacío» dejado por los programas cerrados de la administración Trump.

La Iglesia Ortodoxa Rusa intensifica su presencia en África subsahariana, mientras compañías de seguridad privada vinculadas al Estado ruso consolidan contratos en más de diez países del Sahel. El informe parlamentario es explícito: «La erosión del poder blando tiene consecuencias directas sobre la seguridad nacional, más claramente en África.»

Visitas recientes a Pekín por parte de Starmer en enero, Macron en diciembre y Merz en febrero reflejan el giro europeo hacia China como contrapeso a la impredecible Washington de Trump, aunque con la advertencia de que acercarse demasiado a Pekín podría costar cara en términos transatlánticos.

La conferencia del TNP abre bajo la sombra de la nuclearización europea

La Conferencia de Revisión del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) abre sus puertas el 27 de abril en un contexto sin precedentes: por primera vez desde la Guerra Fría, varios países de la OTAN debaten abiertamente la ampliación del paraguas nuclear europeo. Francia ha propuesto mayor cooperación nuclear entre aliados; Finlandia tramita en su Parlamento el levantamiento de la prohibición de almacenar armas atómicas en su territorio; y ahora Polonia y Francia ensayan misiones nucleares bilaterales.

Los ejercicios de juegos de guerra de la OTAN de febrero concluyeron que, en caso de conflicto directo con la Alianza, Rusia y Bielorrusia tendrían una probabilidad de recurrir al arsenal nuclear «prácticamente cierta». Los detonadores identificados incluyen la captura de Kaliningrado, los ataques a centros de decisión estratégicos y cualquier amenaza percibida como existencial para el régimen de Putin.

El debate de fondo en Ginebra será si el actual régimen del TNP, diseñado para un mundo bipolar, puede sobrevivir a la multipolaridad nuclear del siglo XXI.

La relación especial en tiempos de Trump: ¿amistad duradera o conveniencia táctica?

Desde que Churchill acuñó el concepto de «relación especial» en su discurso de Fulton en 1946, la alianza entre Washington y Londres ha demostrado una asombrosa capacidad de resiliencia. Ha sobrevivido a las tensiones del Suez, a las discrepancias sobre Irak, a los vaivenes de Obama y al primer mandato de Trump. Ahora, en su segundo, la relación vuelve a ponerse a prueba.

El primer ministro Keir Starmer visitó la Casa Blanca en enero de 2026 y logró un acuerdo que cimentó la cooperación bilateral en defensa e inteligencia. El Reino Unido es el único país europeo que ha mantenido un canal directo con la administración Trump en lo referente a la gestión del conflicto ucraniano. Mientras Alemania o Francia mantienen reservas ante el unilateralismo trumpista, Londres ha optado por la estrategia del «socio imprescindible»: participar en los mecanismos diseñados por Washington para no quedar al margen.

La pregunta que se hacen en los pasillos del Foreign Office es si esta estrategia tiene un coste a largo plazo. El apoyo a la postura estadounidense sobre Irán —distante respecto a la de la UE— puede generar fricciones con Bruselas. El equilibrio que debe mantener Londres entre su alianza atlántica y su vecindad europea define en gran medida la política exterior británica de esta generación.

La UE aprieta el cerco energético: el GNL ruso llega a su fecha límite

Este 25 de abril entra en vigor la prohibición europea de importar gas natural licuado (GNL) ruso para los contratos de corto plazo firmados antes del 17 de junio de 2025. Es el paso más contundente del 20.º paquete de sanciones contra Moscú, que cierra gradualmente la última vía energética terrestre y marítima entre Rusia y la Unión Europea.

La Oficina de Implementación de Sanciones Financieras del Reino Unido (OFSI) también ha endurecido su postura: en marzo amplió las licencias que regulan los pagos de energía a personas designadas y en abril extendió la licencia para las aseguradoras de la «flota fantasma» hasta julio, dando tiempo a completar el proceso de desvinculación antes del embargo definitivo.

La paradoja que señala The Guardian es real: un funcionario británico admitió esta semana que las sanciones, al elevar el precio del crudo, han beneficiado coyunturalmente los ingresos del Kremlin, justo cuando la guerra en el Golfo ha disparado el barril.


Zelenski llama a reactivar el proceso de paz

El 1 de abril, Zelenski celebró una videoconferencia con el enviado de Trump Steve Witkoff, el asesor Jared Kushner, el senador Lindsey Graham y el secretario general de la OTAN Mark Rutte. Las garantías de seguridad y el papel de Europa en su supervisión fueron los temas centrales. El mandatario ucraniano admitió que EEUU tiene la atención «principalmente centrada» en Irán.

Corea del Norte e Irán: los proveedores silenciosos de la maquinaria de guerra rusa

El ministro de Defensa británico John Healey y su homólogo alemán Boris Pistorius alertaron el 15 de abril, en la reunión del Grupo de Contacto de Defensa para Ucrania —más de 50 países—, de que la guerra en Oriente Medio está desviando recursos y atención de Ucrania, beneficiando directamente a Rusia.

El Kremlin recibe drones iraníes Shahed, hoy fabricados también en Rusia bajo la denominación Geran, y munición y equipos de Corea del Norte. La comunidad de inteligencia occidental documenta asimismo el tránsito de drones de fabricación china a través de intermediarios tailandeses hacia el frente ruso, pese a las negaciones de Pekín.

La «flota fantasma» rusa —buques que sortean las sanciones del precio del petróleo— sigue siendo objeto de vigilancia activa de la Marina Real, que en marzo se declaró dispuesta a interceptar físicamente los barcos sospechosos en el Mediterráneo y el Mar del Norte.

🇺🇸 Bloque Occidental — OTAN & Aliados

Núcleo duro: EEUU, Reino Unido, Francia, Alemania, Polonia, Países Bálticos (Estonia, Letonia, Lituania), Noruega, Finlandia, Suecia.
Proveedores: Ucrania recibe armamento, inteligencia, entrenamiento y garantías diplomáticas.
Tensiones internas: Trump exige que Europa asuma más carga; España y varios países mediterráneos rehúsan apoyar la operación de EEUU contra Irán.
Punto fuerte: Tecnología militar, redes de inteligencia (Five Eyes), cohesión institucional de la OTAN.
Punto débil: Fragmentación política interna en EEUU; duda sobre el compromiso de Washington a largo plazo.

🇷🇺 Bloque Revisionista — Rusia & Socios

Núcleo duro: Rusia, Bielorrusia.
Socios estratégicos: China (apoyo tecnológico y económico), Irán (drones Shahed), Corea del Norte (munición y tropas mercenarias).
Simpatizantes tácticos: Hungría (Viktor Orbán), India (posición de no alineamiento activo).
Punto fuerte: Recursos energéticos, cohesión interna autoritaria, nueva renta del petróleo a 120 $/barril.
Punto débil: Economía bajo sanciones, dependencia tecnológica de China, pérdidas militares acumuladas en Ucrania.

Del «bulldog» Churchill a la era Trump: historia viva de la alianza angloamericana

Cuando Winston Churchill pronunció su discurso en el Westminster College de Fulton, Misuri, en marzo de 1946, y describió la amenaza de un «telón de acero» extendiéndose sobre Europa, estableció implícitamente la doctrina que guiaría décadas de política exterior: el mundo libre necesita que el poder angloamericano actúe al unísono. Ochenta años después, esa alianza sigue siendo el eje sobre el que pivota el orden internacional liberal.

La «relación especial» tiene raíces profundas: idioma compartido, tradición jurídica anglosajona, vínculos familiares e históricos que atraviesan el Atlántico, y la singular red de inteligencia conocida como los Cinco Ojos —EEUU, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda—, cuya integración no tiene parangón en el mundo. Es una relación que ha sobrevivido a momentos de enorme tensión: la crisis del Suez de 1956, cuando Eisenhower forzó al Reino Unido a retirarse; las disputas sobre el apoyo al IRA en la era Reagan; las diferencias sobre la arquitectura de la posguerra fría; y el choque sobre Irak en 2003.

Hoy la relación atraviesa una fase peculiar. Trump, que en su primer mandato trató a los aliados europeos con cierta displicencia, ha encontrado en el primer ministro británico Keir Starmer un interlocutor pragmático. En la visita de Starmer a Washington en enero de 2026 se rubricó un acuerdo de defensa que refuerza la cooperación en inteligencia, tecnología militar y coordinación en el Ártico. A cambio, el Reino Unido ha apoyado la postura estadounidense sobre Irán, diferenciándose de la línea más cautelosa de Berlín y París.

La relación especial no es un regalo heredado. Es una construcción cotidiana que requiere compromisos incómodos. Starmer lo sabe y ha elegido pagar ese precio.

La pregunta que persiste en Whitehall es si esta estrategia de adhesión selectiva tiene rendimientos decrecientes. En la medida en que Trump trata a Europa como bloque subordinado y presiona a los aliados mediterráneos —incluso amenazando con suspender la membresía de España en la OTAN por no apoyar la operación iraní—, el Reino Unido debe encontrar el equilibrio entre su identidad atlántica y su papel como potencia europea de primer orden.

La maquinaria de Putin: guerra, sanaciones y el eje que forja con Pekín y Teherán

Vladimir Putin lleva más de cuatro años apostando a que Occidente se cansará primero. La lógica es fría: Rusia puede absorber pérdidas territoriales en Ucrania siempre que mantenga el control doméstico, los ingresos energéticos no colapsen y sus aliados estratégicos —China, Irán, Corea del Norte— sigan aportando lo que el país no puede producir bajo sanciones.

En 2026, esa apuesta ha recibido un inesperado impulso. La guerra de EEUU e Israel contra Irán disparó el precio del crudo hasta los 120 dólares por barril, rescatando un presupuesto federal ruso que asumía 60 dólares. La máquina de guerra dispone ahora de fondos para otro año de operaciones en Ucrania. Simultáneamente, la atención estratégica de Washington se desplazó hacia el Golfo Pérsico, aliviando presión diplomática sobre Moscú.

El Kremlin juega en varios tableros al mismo tiempo. En el frente militar, las ofensivas en el Donbás avanzan lentamente pero con constancia, apoyadas en munición de Corea del Norte y drones iraníes que Rusia fabrica ya bajo licencia. En el frente económico, la «flota fantasma» de más de 400 petroleros sortea las sanciones del precio del petróleo con eficacia variable pero suficiente. En el frente geopolítico, Rusia sigue llenando vacíos en África y el Sahel donde Occidente se retira.

China proporciona a Rusia capital, tecnología y cobertura diplomática. Rusia aporta recursos energéticos y la narrativa de un orden multipolar alternativo al liderazgo estadounidense.

El gran interrogante de 2026 es si el eje Moscú-Pekín tiene límites. China no quiere un Rusia dependiente hasta la parálisis —sería una carga, no un socio— y tampoco quiere que Putin escale hasta el uso de armas nucleares, lo que Xi Jinping ha desaconsejado en privado en al menos dos ocasiones documentadas. Pero mientras la guerra se mantenga en el umbral convencional, Pekín tiene incentivos para que EEUU siga distraído en dos frentes simultáneos.

Zelenski entre dos fuegos: las exigencias de Moscú y el repliegue de Washington

Ucrania llega al cuarto año de guerra en una posición que sus aliados describen como «de resistencia estructural» pero que el gobierno de Kiev define, sin eufemismos, como crítica. La propuesta ucraniana de congelar el conflicto sobre las líneas de frente actuales —sin ceder formalmente soberanía— es políticamente viable para Kiev pero inaceptable para Moscú, que exige que Ucrania abandone también las zonas del Donetsk que todavía controla.

La coalición occidental está más comprometida que nunca en términos de garantías de seguridad sobre el papel. Francia y el Reino Unido han prometido «centros militares» en Ucrania si se alcanza un alto el fuego; EEUU lideraría el mecanismo de verificación con drones, sensores y satélites, pero sin presencia de tropas. El gran vacío es el «compromiso vinculante»: quién se obliga a intervenir si Rusia ataca de nuevo, y en qué condiciones.

Los ataques rusos de gran escala sobre Dnipro del 14 de abril, que dejaron el mayor número de bajas civiles desde julio de 2025, subrayan que el Kremlin no tiene intención de negociar desde la moderación. Los miembros europeos del Consejo de Seguridad de la ONU —Francia, Reino Unido, Dinamarca, Grecia, Letonia— calificaron esos ataques de «patrón deliberado contra civiles e infraestructuras». Rusia y China hicieron un llamamiento a la «contención» y la «negociación».

El mayor logro de Ucrania en cuatro años de guerra no ha sido en el campo de batalla. Ha sido mantener viva la coalición occidental en torno a su causa.

Para Zelenski, la prioridad inmediata es evitar que el conflicto de Oriente Medio lo desplace definitivamente de la agenda de Washington. Su llamada del 1 de abril con Witkoff, Kushner y Graham fue un esfuerzo explícito por no perder el hilo directo con la Casa Blanca. El mandatario admitió públicamente que EEUU tiene los ojos puestos en Irán —pero añadió: «La guerra en Ucrania también debe tener fin.»

Golfo Pérsico

La guerra EEUU-Israel-Irán sacude el orden global

Desde el inicio de los ataques aéreos estadounidenses e israelíes sobre Irán el 28 de febrero, el precio del petróleo se ha duplicado y el Estrecho de Ormuz —por el que pasa el 20% del petróleo mundial— opera con restricciones severas. La OTAN vive una fractura interna: el Pentágono estudia sancionar a los aliados que no apoyaron la operación, incluyendo la posibilidad de suspender la membresía de España. Francia prefiere una solución diplomática liderada por Europa.

Rusia y China han vetado en el Consejo de Seguridad de la ONU cualquier resolución que condene a Irán. Moscú suministra a Teherán inteligencia satelital sobre posiciones navales estadounidenses. La guerra está rehaciendo las alianzas globales con una velocidad inquietante.

Ártico y Báltico

El norte europeo se rearma a ritmo de guerra

Alemania ha publicado su primera estrategia militar explícita —titulada «Responsabilidad por Europa»— que fija 2029 como fecha objetivo para estar lista para un conflicto con Rusia. Polonia refuerza su ejército con ritmo acelerado y su primer ministro Tusk advierte en el Financial Times: «Rusia podría atacar a un miembro de la OTAN en cuestión de meses.» Turquía construirá una planta de producción de munición en Estonia. Y Finlandia propone levantar las restricciones legales al almacenamiento de armas nucleares en su territorio, dibujando un mapa de la deterrencia que habría sido inimaginable hace cinco años.

Economía

El Banco Mundial alerta: la polarización geopolítica fragmenta el comercio global

La división del mundo en bloques rivales está creando lo que los economistas llaman «friendshoring»: las cadenas de suministro se reconstruyen en función de alineamientos geopolíticos, no de eficiencia económica. El coste estimado de esta fragmentación podría equivaler al 2,5% del PIB mundial de forma permanente. Los países del Sur Global, que no desean elegir bando, sufren las consecuencias de tener que negociar por separado con cada bloque.

Ciberguerra

Ataques a cables submarinos: la nueva guerra invisible bajo los océanos

Desde noviembre de 2024, tres cables submarinos en el Báltico han sido cortados —entre Suecia y Lituania, y entre Alemania y Finlandia— en lo que la OTAN califica de sabotaje. El experto en amenazas híbridas de la Alianza, James Appathurai, describió el programa ruso de cartografía submarina —el «Russian Undersea Research Programme»— como una «estructura paramilitar bien financiada» que lleva décadas mapeando cables y gasoductos de Occidente. La operación revelada por el Reino Unido esta semana es la primera vez que se documenta públicamente con tanta precisión.

La trampa de los dos frentes: por qué Rusia gana tiempo mientras Occidente mira al Golfo

Existe en la historia militar una máxima que los estrategas atribuyen a Julio César y que todo general que abrió dos frentes simultáneos tardó en aprender a su costa: el enemigo que te obliga a dividir la atención ha ganado ya la mitad de la batalla. En 2026, Rusia no está ganando la guerra en Ucrania —ni mucho menos— pero está ganando algo potencialmente más valioso: tiempo y espacio estratégico.

La guerra de EEUU e Israel contra Irán no fue diseñada por Moscú, pero el Kremlin la ha aprovechado con maestría táctica. Los analistas del Toda Peace Institute documentan cómo Rusia e Irán llegaron a un entendimiento implícito: Moscú provee imágenes satelitales de posiciones navales estadounidenses; Teherán mantiene vivo un conflicto que drena los arsenales de interceptores de misiles occidentales, los mismos que serían necesarios en el flanco europeo. China, observando desde la distancia, refina sus doctrinas para el Indo-Pacífico.

El problema estructural de la estrategia occidental es que fue concebida para un mundo de amenazas secuenciales. La OTAN tiene la capacidad de responder a un desafío ruso o a una crisis en el Golfo, pero no a ambos simultáneamente con la intensidad requerida. Los ejercicios de guerra de febrero confirmaron lo que muchos analistas temían: si Rusia percibiera suficiente fragmentación en la alianza atlántica, la probabilidad de una acción audaz en el Báltico —desde el derribo de cables hasta una incursión limitada de «prueba»— aumenta exponencialmente.

Occidente tiene la tecnología, los recursos y la legitimidad moral. Lo que le falta en 2026 es la atención concentrada y la voluntad política de mantener simultáneamente dos compromisos estratégicos de primer orden.

La solución no pasa por elegir entre Ucrania y el Golfo. Pasa por construir la capacidad estratégica para sostener ambos. Eso requiere lo que los europeos llevan años prometiendo: aumentos reales del gasto en defensa, autonomía industrial militar y una arquitectura de seguridad que no dependa en exceso de decisiones tomadas en Washington. La visita de Starmer a Trump en enero, la cumbre de París del 6 de enero y los compromisos de la «coalición de los voluntarios» son pasos en la dirección correcta. Pero la ventana para consolidarlos es estrecha.

¿Tiene futuro el multilateralismo en un mundo de bloques?

La apertura de la Conferencia de Revisión del TNP el 27 de abril simboliza la tensión irresoluble del momento: un tratado diseñado para un orden bipolar intenta gestionar una proliferación nuclear de facto en un mundo multipolar. Francia propone extender el paraguas nuclear europeo. Finlandia quiere almacenar armas atómicas. Polonia y Varsovia ensayan ataques nucleares bilaterales. El régimen de no proliferación cruje.

Al mismo tiempo, el Consejo de Seguridad de la ONU está paralizado: EEUU, Francia y Reino Unido por un lado; Rusia y China por el otro. Los cinco miembros permanentes —precisamente los únicos que el Tratado reconoce como potencias nucleares legítimas— son incapaces de acordar nada sobre la guerra más grave de Europa desde 1945. La reforma del sistema multilateral no es una opción abstracta para el futuro. Es una urgencia del presente.