El Rey Carlos III compareció el martes 28 de abril ante una sesión conjunta del Congreso de los Estados Unidos y pronunció el discurso más políticamente cargado de su reinado. Recibido con una ovación bipartidista en pie por el vicepresidente JD Vance y el presidente de la Cámara Mike Johnson, el soberano celebró los 250 años de la independencia americana y reivindicó los lazos atlánticos con mensajes dirigidos con precisión a la administración Trump, sin mencionar al presidente por su nombre en ningún momento.
La frase más citada fue una advertencia directa sobre el valor de la acción americana en el mundo: «Las palabras de América tienen peso y significado, como lo han tenido desde la independencia. Las acciones de esta gran nación importan aún más.» El rey habló de los destinos «interconectados» de EEUU y el Reino Unido, describiendo la historia compartida como un relato de «reconciliación, renovación y una asociación extraordinaria».
El discurso incluyó varios mensajes velados pero inequívocos. Carlos tocó el tema del apoyo a Ucrania aludiendo al 11-S — «esta atrocidad fue un momento definitorio para América y vuestro dolor y conmoción fueron sentidos en todo el mundo» — en un recordatorio implícito de que el mundo acudió en defensa de EEUU tras aquel ataque y que la Alianza Atlántica exige reciprocidad. Mencionó también el aniversario del 9/11, que llegará en septiembre, cuando los reyes visitarán Nueva York.
Cuando mi madre visitó EEUU en 1957, su tarea no menor era ayudar a poner el «especial» de vuelta en nuestra relación, tras una crisis en Oriente Medio. Setenta años después, es difícil imaginar que algo así pudiera ocurrir hoy.
La referencia a la visita de Isabel II en 1957 — convocada para reparar la relación angloamericana tras la crisis del Suez — fue entendida como alusión directa al momento actual por todos los presentes: Trump lleva meses atacando al primer ministro Starmer por la negativa del Reino Unido a apoyar sin reservas la operación militar contra Irán. La frase obtuvo risas en la sala, pero su contenido era de una gravedad deliberada. «Casi setenta años después, es difícil imaginar que algo así pudiera ocurrir hoy», añadió el rey, provocando más risas aunque el mensaje de fondo era una advertencia.
Esa misma noche, Trump organizó una cena de Estado en la Casa Blanca para los reyes. El presidente describió la alianza como «una amistad atesorada, un vínculo eterno y una verdadera historia de heroísmo y destreza extraordinarios. La historia no ha conocido fuerza más poderosa que la combinación del patriotismo americano y el orgullo británico». Carlos le obsequió con la campana original del submarino HMS Trump, botado en 1944, en un gesto de humor que alivió la tensión de la semana.
La visita también tuvo su lado sombrío: el rey abrió su discurso en la cena refiriéndose al tiroteo en la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca del 25 de abril — en el que el sospechoso enfrenta cargos de intento de asesinato del presidente — elogiando el «coraje y la firmeza» de Trump y de Melania.